Apuntes para la clase sobre revolución :
Esquema general de la clase:
EL PORFIRIATO EN CRISIS
1876-Finales de 1880
Principios de 1890-Principios del siglo xx
A partir de 1904
OPOSICIÓN A PORFIRIO DÍAZ Y REVOLUCIÓN ARMADA (1910-1919)
LA FIGURA DE FRANCISCO I. MADERO Y SU PROTAGONISMO EN LA REVOLUCIÓN
LA CONSTITUCIÓN DE 1917
EL ESTADO POSREVOLUCIONARIO
Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles: las figuras del caudillo
Lázaro Cárdenas: el popular presidente populista
La institucionalización posrevolucionaria
CULTURA Y SOCIEDAD (POS)REVOLUCIONARIA
Educación
Literatura (narrativa y poesía)
El ensayo
Artes plásticas
Cine
LA REVOLUCIÓN EN LA OBRA ENSAYÍSTICA DE CARLOS FUENTES
VADEMÉCUM ACERCA DEL PERIODO REVOLUCIONARIO Y POSREVOLUCIONARIO
Apuntes :
Es el resultado de varios factores:
-la situación histórica y social del país,
-la crisis generalizada del gobierno de Porfirio Díaz a finales del siglo xix,
-el fracaso de una solución pacífica a la sucesión presidencial de 1910.
La combinación de un crecimiento económico en un contexto dictatorial con graves problemas agrarios provocan una situación explosiva (Garciadiego, 2006).
Dos clases sociales nuevas (la clase media y el proletariado),
EL PORFIRIATO EN CRISIS:
Según el historiador mexicano Javier Garciadiego [2006] son tres las etapas por las que pasó el gobierno de Porfirio Díaz: 1) 1876-Finales de 1880, 2) Principios de 1890-Principios del siglo xx, 3) A partir de 1904.
3. A partir de 1904:
Son varios los problemas que Díaz ha de enfrentar:
-El problema de la sucesión presidencial.
-La crisis económica de 1907, debida a la depresión económica en Europa y Estados Unidos,
-La crisis social desde finales del siglo xix en el ámbito rural.
-Crisis en el campo cultural. Se cuestiona el positivismo como ideología gubernamental. Contra la obsesión por el orden, se anhela la libertad. La mayoría mestiza comienza a reclamar participación en la toma de decisiones.
-Las represiones obreras de 1906 y 1907 demostraron que Díaz había perdido cualquier capacidad de negociar y de encontrar soluciones que satisficieran a la mayoría.
Todos los sectores sociales resultaron afectados. Esto provocó una convergencia de la resistencia y desencadenó una oposición frontal.
OPOSICIÓN A PORFIRIO DÍAZ Y REVOLUCIÓN ARMADA (1910-1919):
En 1908, Porfirio Díaz afirma, en una entrevista con el periodista neoyorquino James Creelman, que el periodo de su presidencia, muy largo, era necesario para asegurar la estabilidad política del país y permitir que maduraran los mexicanos para adquirir las capacidades indispensables al ejercicio de la democracia. Da a entender, al final de dicha entrevista, que ha llegado el momento para una alternancia democrática.
LA FIGURA DE FRANCISCO I. MADERO Y SU PROTAGONISMO EN LA REVOLUCIÓN:
escribe y publica en 1909 el libro La sucesión presidencial en 1910, en el cual critica severamente el poder autocrático de Díaz, denuncia la deportación de indios yaquis, del Norte hacia Yucatán, y la represión de las huelgas obreras.
Contra la reelección de Porfirio Díaz, Madero funda, en mayo de 1909, el Partido Antirreeleccionista, también conocido como Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA).
Plan de San Luis Potosí (5 de octubre de 1910)
En octubre de 1911, tras ganar las elecciones, Madero asume la presidencia del Estado hasta su asesinato por el general golpista contrarrevolucionario Victoriano Huertas, en febrero de 1913.
Con Madero, las clases medias accedieron al poder pero los obreros y campesinos quedaron fuera.
guerra civil de 1914-1915 entre constitucionalistas (Venustiano Carranza y Álvaro Obregón) y convencionistas (Eulalio Gutiérrez, Pancho Villa y Emiliano Zapata).
LA CONSTITUCIÓN DE 1917:
promulgada el 5 de febrero de 1917 en el Teatro de la República de la ciudad de Querétaro, tras un largo periodo de enfrentamientos violentos de los carrancistas contra villistas y zapatistas.
La Constitución de 1917 tenía como función la de garantizar la estabilidad social y la creación del nuevo estado, también la de consolidar y reglamentar el proceso de transformación experimentado por el país, al pasar del México porfiriano al México revolucionario
EL ESTADO POSREVOLUCIONARIO:
El Estado posrevolucionario mexicano nace verdaderamente en 1920, tras el asesinato de Venustiano Carranza.
Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles : las figuras del caudillo
Álvaro Obregón (1920-1924 ) y Elías Plutarco Calles (1924-1928)
Guerra Cristera (1926-1929):
Los combates, circunscritos en el centro del país, fueron de una gran violencia, acentuados por prácticas terrorista de parte del ejército y por el apoyo que los cristeros hallaban en una población fanatizada que creía defender su fe [Covo, 1999, 80]
Álvaro Obregón fue asesinado por el militante católico José de León Toral, en 1928.
Lázaro Cárdenas: el popular presidente populista
una hábil estrategia política para conseguir el apoyo de lxs trabajadorxs; la alianza entre el mundo laboral y el Estado le permitía evitar la autonomía sindical y, en vez de concederle un poder real a las masas, reforzó el presidencialismo y la institucionalización del Estado [Covo, 1999, 85].
Entre las medidas que marcaron los imaginarios colectivos y reforzaron el sentimiento nacionalista del pueblo están: la nacionalización del petróleo en 1938 y la aplicación masiva de la reforma agraria que se tradujo por la creación de ejidos comunales y el desmantelamiento de muchas haciendas poco productivas.
Con Lázaro Cárdenas, figura incontestable del presidente (¿populista?) todopoderoso, se inicia un proceso de institucionalización de la revolución que se concreta en el periodo siguiente (1940-1968) a través de una “modernización autoritaria bajo la sombra de la superpotencia”, para retomar uno de los títulos de la historiadora Soledad Loaeza [en Nueva Historia general de México 2010].
La institucionalización posrevolucionaria:
La institucionalización posrevolucionaria fue percibida, por Vargas Llosa, como “una dictadura perfecta”, no de un hombre sino de un sistema, y como una “pirámide azteca”, coronada por un emperador todopoderoso cada seis años, según la imagen empleada por Octavio Paz [Covo, 1999, 91].
En 1946, el partido oficial cambia de nombre para convertirse en el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Sin verdadero programa de gobierno, ni ideología propia, o con la del presidente en ejercicio, más que un partido en el sentido clásico de la palabra, el PRI fue un mecanismo electoral cuyo objetivo era reunir la unanimidad de los sufragios.
CULTURA Y SOCIEDAD (POS)REVOLUCIONARIA:
Educación:
Frente a la incapacidad de los campesinos, por el alto nivel de analfabetismo, para asumir cargos públicos, estos fueron ocupados por una mayoría de profesores: cargos de representación popular, administrativos o de conducción cultural e ideológica [Garciadiego; Kuntz Ficker, en Historia general de México 2010, 585].
la educación se entendió como “una misión religiosa, apostólica” [Cosío Villegas, 1947, 46] cuyo propósito era ir a todos los rincones de México para enseñar a leer y a escribir, y difundir el gusto por la lectura de los clásicos, creando bibliotecas públicas en los pueblos.
Una (misma) cultura para todos y todas que contribuyera a forjar el sentimiento de pertenecer a una misma nación unificadora.
Literatura (narrativa y poesía):
Aparece la literatura (o novela) de la Revolución, con autores como Mariano Azuela (Los de abajo, 1915), Martín Luis Guzman (El águila y la serpiente, 1928), José Vasconcelos (Úlises criollo, 1933), Nellie Campobello (Cartucho, 1931).
A partir de los años 1940, varios autores consideran que si se han escrito novelas ambientadas en la revolución mexicana, aún quedan por escribirse novelas verdaderamente “revolucionarias” sobre dicho periodo. Destacan los escritores: Agustín Yáñez (Al filo del agua, 1947), Juan Rulfo (Pedro Páramo, 1955), Carlos Fuentes (La región más transparente, 1958, La muerte de Artemio Cruz, 1962), Jorge Ibargüengoitia (Los relámpagos de agosto, 1964).
Surgieron dos movimientos antagónicos respecto a su forma de considerar el arte: Los Contemporáneos y los Estridentistas.
Formaron parte de los Contemporáneos: Salvador Novo, Xavier Villaurutia, Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, Jorge Cuesta, Bernardo Ortiz de Montellanos.
El ensayo:
Ver extractos de ensayos en la página "extractos de ensayos" de este blog
El ensayista Roger Bartra señala, en el prologo de su antología de ensayos mexicanos del siglo xx, Anatomía del Mexicano [2005, 11]:
A lo largo del siglo xx la cultura mexicana fue inventando la anatomía de un ser nacional cuya identidad se esfumaba cada vez que se quería definirlo, pero cuya presencia imaginaria ejerció una gran influencia en la configuración del poder político.
Artes plásticas :
El muralismo dejó una huella visual en los imaginarios populares contribuyendo a desarrollar la mitología acerca de la revolución mexicana: redescubrimiento (idealizado) de la cultura indígena prehispánica, que fue un ingrediente importante en la construcción de la identidad u ontología mexicana, también denominada “mexicanidad”; protagonismo de los obreros y los campesinos en la lucha contra el Porfirismo; protagonismo de Emiliano Zapata como gran defensor de los campesinos. De cierto modo, el muralismo hizo triunfar visualmente aquella revolución – la agraria- que no consiguió triunfar.
Cine:
La época post-revolucionaria produjo numerosas películas con temas rurales, en ranchos (películas rancheras) ambientadas en un campo mexicano idealizado, con tintes arcádicos y folclóricos, repletos de estereotipos sobre lo popular. Una de las películas emblemáticas de ese cine ranchero fue, sin lugar a dudas, Allá en el Rancho grande, dirigida por Frenando de Fuentes, y estrenada en 1936.
El melodrama cinematográfico, producto de una poderosa industria cultural, nacional y nacionalista, se desarrolló en el periodo posrevolucionario, aproximadamente entre 1932 y 1960, y dio lugar a lo que se conoce como la Edad de Oro del cine mexicano.
La familia era vista como una configuración microsocial garante de la nueva nación. Y esa familia mexicana era católica, por supuesto: el melodrama era el resultado de la alianza de la industria y la fe religiosa en la pantalla, como observaba Carlos Monsiváis en su libro Pedro Infante, Las leyes del querer (2008).
Luis Buñuel, en 1950, rompe con los paradigmas lacrimosos de la madre bondadosa y asexuada, y de la pobreza buena y feliz, con la película Los olvidados, galardonada con el premio al mejor director en el Festival de Cannes
Fuentes fue guionista para varias películas y documentales, como El gallo de Oro (1964), adaptación de la novela homónima de Juan Rulfo, Pedro Páramo (1967), adaptación de la novela homónima del mismo Juan Rulfo, Complot petróleo (1981), adaptación de su novela La cabeza de la hidra con guión de su autoría y la serie televisiva El espejo enterrado (1992).
LA REVOLUCIÓN EN LA OBRA ENSAYÍSTICA DE CARLOS FUENTES:
Carlos Fuentes se suma a la larga lista de ensayistas mexicanxs del siglo xx, con títulos como La nueva novela hispanoamericana (1969), Tiempo mexicano (1971), El espejo enterrado (1992), Nuevo tiempo mexicano (1994). En el ensayo Nuevo tiempo mexicano, publicado en 1994, aborda el tema de la revolución mexicana, particularmente en el capítulo 3, titulado “Las tres revoluciones mexicanas” [Fuentes, 1995, 41-53].
Fuentes afirma que el proceso revolucionario de 1910-1921 se dio a través de, por lo menos, tres revoluciones con protagonistas sociales y objetivos diferentes:
La revolución número uno –que quedó fija para siempre en la iconografía pop- fue la agraria, la del movimiento de los pequeños pueblos encabezado por jefes como Pancho Villa y Emiliano Zapata. Este movimiento fue una revuelta local que intentó la restauración de los derechos de las comunidades sobre sus tierras. […] En muchos aspectos fue una revolución conservadora.
La revolución número dos, menos nítida en los iconos de la memoria, fue la revolución nacional, centralizadora y modernizante encabezada por Francisco I. Madero. […] Su propósito era crear un Estado Nacional moderno, capaz de fiajarse metas de beneficio colectivo mientras promovía la prosperidad privada.
Entre las dos, en alguna parte, y definitivamente imperceptible en la memoria colectiva, tuvo lugar una incipiente revolución proletaria, que reflejó el desplazamiento de artesanado tradicional mexicano por métodos industriales modernos. […]
La revolución número 2 triunfó finalmente sobre las revolcones 1 y 3, y estableció, entre 1920 y 1940, las instituciones del México moderno. [1995, 41-42]
VADEMÉCUM ACERCA DEL PERIODO REVOLUCIONARIO Y POSREVOLUCIONARIO :
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