lunes, 28 de noviembre de 2022

MUERTES en MAC

LAS TRES MUERTES DE ARTEMIO CRUZ

ANTECEDENTES LITERARIOS MEXICANOS SOBRE LA MUERTE

LAS TRES CONCEPCIONES DE LA MUERTE EN MÉXICO

Cosmovisión nahua-azteca : la muerte impersonal

Cosmovisión cristiana: la muerte personal

Cosmovisión moderna: la muerte sin sentido

LA(S) MUERTE(S) EN MAC

Epígrafes como epitafios 

Las tres muertes de Artemio Cruz

El panteón de Artemio Cruz

CONCLUSIÓN

Artemio Cruz se está muriendo y bien podríamos preguntarnos, siguiendo los apuntes de Octavio Paz sobre la muerte en El Laberinto de la Soledad (1950), si no será esa muerte el espejo que “refleja las vanas gesticulaciones de su vida” [2004, 58] 

secuencia 11, trama de “TÚ”:

 

Legarás las muertes inútiles, los nombres muertos, los nombres de cuantos cayeron muertos para que el nombre de ti viviera; los nombres y los hombres despojados para que el nombre de ti poseyera; los nombres de los hombres olvidados para que el nombre de ti jamás fuese olvidado: [p. 368]

Si en MAC quien muere nos remite referencialmente a un individuo -un mexicano posrevolucionario singularizado, de finales de los años 1950-, el tratamiento literario atrapa, no obstante, su agonía en redes mítico-simbólicas y la reviste de una dimensión trascendente: más allá de la singularidad de esa muerte, se convocan una serie de mitemas que la conectan con mitologías indígenas, cristianas y modernas para convertirla en una muerte “contraejemplar”: contra la idea de un modelo glorioso que revelaría una modernidad feliz, se trata aquí de revelar el destino “trágico” de un ser mexicano condenado a repetir la historia cíclica de su colonización. 

ANTECEDENTES LITERARIOS MEXICANOS SOBRE LA MUERTE

Paz : 

 

frente a la muerte hay dos actitudes: una, hacia adelante, que la concibe como creación; otra, de regreso, que se expresa como fascinación ante la nada o como nostalgia del limbo. Ningún poeta mexicano [] se aproxima a la primera de estas dos concepciones. [Paz, 2004, 67]

dos textos ejemplares: el poemario Nostalgia de la muerte (1938) de Xavier Villaurrutia y el largo poema “Muerte sin fin” (1939) de José Gorostiza, del que se reproducen dos versos en el epígrafe de MAC

Ambos poetas forman parte del movimiento artístico de Los Contemporáneos

En el campo novelesco, si nos limitamos a la producción del periodo revolucionario, además de la novela fundacional de la narrativa de la revolución, Los de debajo (1915) de Mariano Azuela, se pueden mencionar otras tres, más cercanas a la publicación de MACEl luto humano (1943) de José Revuelta, Al filo del agua (1947) de Agustín Yáñez y Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo. 


LAS TRES CONCEPCIONES DE LA MUERTE EN MÉXICO


tres maneras que pueden verse como tres conceptualizaciones paradigmáticas:  la cosmovisión antigua (o nahua-azteca), la cosmovisión cristiana y, finalmente, la cosmovisión moderna. 


Cosmovisión nahua-azteca : la muerte impersonal


Todos los días el Sol pelea contra la Luna y las fuerzas malignas de la noche para seguir dando vida a la Humanidad y de esa lucha el Sol sale siempre triunfante gracias a la sangre, el alimento vital que el pueblo le ofrece [Ordiz 1987, 88]


En esta concepción prevalece el carácter impersonal del sacrificio: ni la vida, ni la muerte tenían un carácter personal en la medida en que estaban al servicio de la permanencia colectiva de los ciclos vitales. Religión y destino regían la vida, como ahora, subraya Paz, la moral y la libertad rigen la nuestra [2004, p.60]


Cosmovisión cristiana: la muerte personal


el sacrificio y la idea de salvación, antes pensados desde lo colectivo, se tornan personales. 


para los Españoles (y progresivamente para los criollos y mestizos) lo que cuenta es el individuo. “La muerte de Cristo salva a cada hombre en particular. Cada uno de nosotros es el Hombre y en cada uno están depositadas las esperanzas y las posibilidades de la especie. La redención es obra personal”, apunta Paz [2004, p. 61].


A pesar de sus diferencias, las cosmovisiones nahua-azteca y cristiana comparten la idea de que la vida, colectiva o individual, conducen a una muerte abierta a una nueva vida. Para los cristianos, dice Paz, la muerte es un “tránsito” entro dos vidas, la temporal y la ultraterrena; para los nahuas constituye la única manera de regenerar las fuerzas creadoras, constantemente en peligro de desaparición [2004, 62]


Cosmovisión moderna: la muerte sin sentido


La muerte moderna, en la sociedad laica contemporánea, carece de valor trascendental. Es un fin inevitable de un proceso biológico. “En un mundo de hechos, la muerte es un hecho más”, apunta Paz [2004, p. 62]. Se vive como si la muerte no existiera. 


La indiferencia de los mexicanos ante la muerte es “la otra cara” de la indiferencia ante la vida [2004, p. 63]. “La vida no vale nada” dice aquella canción popular mexicana – Camino a Guanajuato- que Fuentes cita en sus epígrafes liminares de MAC, y que también constituye el epitafio de la tumba del compositor mexicano José Alfredo Jiménez (1926-1973). 


LA(S) MUERTE(S) EN MAC


Epígrafes como epitafios 


Los 5 epígrafes que encabezan la novela suenan como epitafios; de hecho el último (“no vale nada la vida: la vida no vale nada”) está inscrito en la tumba-mausoleo del gran compositor de rancheras mexicano José Alfredo Jiménez, enterrado en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Estos epígrafes refuerzan paratextual y metatextualmente la temática mortuoria inducida por el título de la novela. Invitan, por otra parte, a un recorrido particular:

-por el tiempo, desde el siglo xvi (Montaigne) al siglo xx (Gorostiza) pasando por el siglo xvii (Calderón) y el siglo xix (Stendhal),

-por varios géneros literarios (ensayo, teatro, novela, poesía, canción), 

-por varios espacios geo-culturales europeos (Francia y España) y mexicano. La superposición de la lengua española (epígrafes 2, 4 y 5) y francesa (epígrafes 1 y 3) le dan a la novela una dimensión cosmopolita.


No vale nada la vida

La vida no vale nada

Comienza siempre llorando 

Y así llorando se acaba

Por eso es que en este mundo 

La vida no vale nada (Claro que no)



si nos fijamos en la disposición de los epígrafes, observamos que pasamos de lo extra-mexicano (Francia, España) a lo intra-mexicano (Gorostiza y José Alfredo Jiménez), de lo global a lo local. Desde esta perspectiva, podemos ver, ya desde el paratexto, indicios que anuncian el carácter “glocal” de la novela


Las tres muertes de Artemio Cruz

 

tú serás ese niño que sale a la tierra, encuentra la tierra, sale de su origen, encuentra su destino, hoy que la muerte iguala el origen y el destino y entre los dos clava, a pesar de todo, el filo de la libertad: [p. 371]

 

Esta cita, sacada de la trama “TÚ” de la secuencia 11 [p. 371], ofrece, en filigranas, una síntesis híbrida de las tres conceptualizaciones de la muerte en México. El niño que sale de la tierra, que sale del origen para volver al origen, recuerda el ciclo azteca. La noción de destino se relaciona con el sentido de la historia lineal impuesta por los españoles y, finalmente, la libertad tiene que ver con la muerte moderna, desprovista de las ataduras mítico-cristianas. 


La muerte moderna


La enfermad y la agonía de Artemio lo centran constantemente en lo fisiológico y la finitud de su cuerpo envejecido y degradado. “Soy cuerpo”, dice Artemio en la primera página de la novela [p. 116]. Varias son las secuencias, particularmente en las tramas de “YO” y de “TÚ”, donde el protagonista hace un diagnóstico implacable sobre el dolor y la degradación que está sufriendo. Valgan estos extractos como ejemplos:

 

Siento que nada se mueve en mi vientre, nada, nada, y los gases no salen, por más que pujo … [Secuencia 3, trama de “YO”, p. 163]

 

Hoy en que las funciones involuntarias te obligarán a darte cuenta, te dominarán y acabarán por destruir tu personalidad: pensarás que respiras cada vez que el aire pase trabajosamente hacia tus pulmones, pensarás que la sangre te circula cada vez que las venas del abdomen te latan con esa presencia dolorosa: te vencerán porque te obligarán a darte cuenta de la vida en vez de vivirla. 

[] [Secuencia 4, trama de “Tú”, p. 193]

 

Y las contracciones ascienden, las imagino como los anillos de una serpiente, ascienden hacia el pecho, hacia la garganta, y me llenan la lengua, la boca, de ese pasto molido, amargo, de alguna vieja comida que ya olvidé y que ahora vomito, boca abajo, buscando en vano una porcelana y no ese tapete manchado por el líquido y grueso de mi estómago [] esos gases que siento circular y que no arrojar, por más que puje: esos pedos que suben hasta la garganta y vuelven a descender al vientre, a los intestinos, sin que pueda arrojarlos: pero sí puedo aspirar mi propio aliento fétido [Secuencia 9, trama de “YO”, p. 315]

 

YO me diría la verdad, si no sintiera mis labios blancos, si no me doblara en dos, incapaz de contenerme a mí mismo, si soportara el peso de las cobijas, si no volviera a tenderme retorcido, boca abajo, a vomitar esta flema, esta bilis. [] Vomita. Vomita ese sabor que antes sólo había olido. [] Vomita boca arriba. Vomita su mierda. Le escurre por los labios, por las mandíbulas. Sus excrementos. [Secuencia 10, Trama de “YO”, p. 336-339]

 

grito… debo gritar… me sujetan… los brazos… los hombros… grito que me dejen… me dejen morir en paz… no me toquen… no tolero que me toquen… ese estómago inflamado… sensitivo… como un ojo llagado… no tolero… no sé… me detienen… me apoyan… no se mueven mis intestinos… no se mueven, ahora lo siento, ahora lo sé… los gases abultan, no salen, paralizan… no fluyen esos líquidos que debían fluir, ya no fluyen… me hinchan… lo sé… no tengo temperatura … lo sé… no sé para dónde moverme, a quién pedir auxilio, dirección, para levantarme y andar… pujo… pujo… no llega la sangre… sé que no llega a donde debía llegar… [Secuencia 12, trama de “YO”, p. 397]

 

El dolor, en tanto afecto, cumple una doble función en esta visión moderna de la muerte. 


Primero convierte a Artemio Cruz en un cuerpo que disfunciona y esa disfunción lo obliga a estar atento, obsesivamente, a las diferentes partes fisiológicas: el sistema nervioso (varias alusiones al cerebro), el sistema circulatorio (venas, sangre, el sistema respiratorio (boca, pulmones), el sistema gastrointestinal (boca, estómago, intestinos, vesícula biliar, glándulas salivares) y el sistema urinario (evocado al principio esencialmente). 


Luego, como lo dice en la cuarta secuencia, el dolor lo obliga a darse cuenta de la vida en vez de vivirla [p. 193]


secuencia 7, trama de “YO”, cuando recuerda todas sus posesiones y su poder: 

 

El ruido fresco y dulce de billetes y bonos nuevos cuando los toma la mano de un hombre como yo. El arranque suave de un automóvil de lujo especialmente construido, con clima artificial, bar, teléfono, cojines para la cintura y taburetes para los pies ¿eh, cura, eh? [] Eso sí existe, eso sí es mío. Eso sí es ser Dios, ¿Eh?, ser temido y odiado y lo que sea, eso sí es ser Dios, de verdad, ¿eh? Dígame cómo salvo todo eso y lo dejo cumplir todas sus ceremonias, me doy golpe en el pecho, camino de rodillas hasta un santuario, bebo vinagre y me corono de espinas. [p. 261]

 

La vida de Artemio Cruz parece reducirse materialmente a una acumulación de riquezas que lo hacen sentirse feliz, porque vienen a compensar una fuerte carencia sentimental y metafísica. Llega a confesar, en la secuencia 6, trama de “YO” que su único amor es la posesión de las cosas y su “propiedad sensual” [p. 239].


La muerte cristiana


la mención de “Dios” en la última trama de “YO” [p. 404] es posiblemente la indicación de un subtexto católico, anclado de manera inconsciente en este personaje anticlerical. Se trata del Dios de la cristianad que se disuelve en tres instancias, como se disuelve el relato del personaje en tres tramas e instancias narrativas.


La muerte cristiana es impuesta desde el exterior a un Artemio Cruz profundamente anticlerical. “Cuando me doy cuenta de que todo dejará de tener importancia, los demás tratan de convertirlo en lo más importante: el propio dolor, la salvación del alma ajena”, declara en la secuencia 5, trama de “YO” [p. 218]


Acepta recibir, sin consentir, el sacramento de la extremaunción, no sin reaccionar de manera irónica, iconoclasta y blasfematoria (“Me cago en Dios …” contesta cuando el cura pronuncia el “Domine non sum dignus…” [p. 218]). En la segunda secuencia, trama de “YO”, restituye una versión muy personal y despreciativa del embarazo de la Virgen María: 

 

la noche en que ese carpintero pobre y sucio se dio el lujo de montársela encima a la virgen azorada que se había creído los cuentos y supercherías de su familia y que se guardaba las palomitas blancas entre los muslos creyendo que así daría a luz, las palomitas escondidas entre las piernas, en el jardín, bajo las faldas, y ahora el carpintero se le montaba encima lleno de un deseo justificado, porque ha de haber sido muy linda, muy linda, y se le montaba encima [p. 136]

 

Posiblemente el tono irónico empleado por el autor Fuentes cuando evoca la religión católica halle su inspiración en las películas de Luis Buñuel, particularmente Un chien andalou (1929) y Él (1954). 


La muerte nahua-azteca

Naciste sin líneas de vida o fortuna []: naciste, nacerás con la palma lisa, pero bastarás que nazcas para que, a las pocas horas, esa superficie en blanco se llene de signos, de rayas, de anuncios: morirás con tus líneas densas, agotadas, pero bastará que mueras para que, a las pocas horas, toda huella de destino haya desaparecido de tus manos: [Secuencia 3, trama de “TÚ”, p. 166]  




La idea del ciclo, propio a la cosmovisión nahua-azteca, está sugerida desde la segunda secuencia, trama de “TÚ”: “¿Morirás? No será la primera vez” [p. 139, sec 2, TÚ]



Naciste sin líneas de vida o fortuna []: naciste, nacerás con la palma lisa, pero bastarás que nazcas para que, a las pocas horas, esa superficie en blanco se llene de signos, de rayas, de anuncios: morirás con tus líneas densas, agotadas, pero bastará que mueras para que, a las pocas horas, toda huella de destino haya desaparecido de tus manos: [Secuencia 3, trama de “TÚ”, p. 166]  





El tiempo lineal de la historia, de la finitud de su cuerpo y de su vida, se superpone al tiempo cíclico nahua-azteca: algo se acaba para que algo vuelva cíclicamente a renacer : “sólo quisieras explicarle [a Lorenzo] que los años pasados, hace cuarenta, algo se rompió aquí, para que algo comenzara o para que algo, aun más nuevo, no empezara jamás.”, dice Artemio Cruz en la secuencia 9, Trama de “TÚ” [p. 321]


Finalmente, la muerte libera de una forma (el vaso del poema de José Gorostiza, mencionado en uno de los epígrafes) y lo regresa a la unidad primordial, como lo expresa en la secuencia 12, trama de “TÚ”: 

 

El niño, la tierra, el universo: en los tres, algún día, no habrá ni luz, ni calor, ni vida… Habrá sólo la unidad total, olvidada, sin nombre y sin hombre que la nombre: fundidos espacios y tiempo, materia y energía… Y todas las cosas tendrán el mismo nombre… Ninguno… Pero todavía no … [p. 402]


El panteón de Artemio Cruz

CONCLUSIÓN

 

El tratamiento de la muerte en MAC revela, como de hecho el tratamiento y construcción de los personajes, las posturas de un autor cuyo idiotopo se va configurando durante el periodo posrevolucionario, cuando los intelectuales mexicanos de izquierda reflexionan sobre la mexicanidad y la revolución. 


En una primera línea, que podríamos llamar ‘ontología del ser mexicano’, destaca la preocupación por articular el tiempo lineal de la historia y el tiempo cíclico de la cosmovisión nahua-azteca: Artemio Cruz muere históricamente en abril de 1959 pero su muerte reviste un carácter mítico al ser atrapada en la red simbólica del retorno o regreso: su muerte es el final de un ciclo pero también el inicio de otro que vuelve sin cesar. Una repetición estructural de la matriz colonial que perdura en tiempos de la independencia y de la revolución. 


En una segunda línea está el diagnóstico pesimista, al inicio del triunfo de la revolución cubana de 1959, acerca de los disfuncionamientos de la revolución mexicana. Artemio Cruz encarna esa estructura disfuncional. Es el ejemplo ‘contraejemplar’ de la figura del revolucionario corrupto, atrapado en una colonialidad violenta constituidas por estructuras de dominación: dominación macho-masculina (violó a Regina, la hizo suya como macho), dominación económica (se hizo con las tierras de su suegro, erigió un imperio empresarial en colaboración con Estados Unidos), dominación racial y social (desprecia a la clase popular, en su mayoría mestizo-indígena). La muerte de Artemio Cruz es, al fin y al cabo, la larga agonía que no cesa de la revolución mexicana. 

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